Sin ninguna sorpresa, a tenor de la verdad, y sin ánimo de resultar pretencioso, leímos una noticia (http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080115/53427490771.html) que indica que “un estudio concluye que aumentar el precio de un producto provoca que se disfrute más de él”.
La noticia es de gran interés para los periodistas, pero los que nos dedicamos al marketing sabemos de ello hace tiempo. También sabemos que hay que ser cauto, no hay relación causa efecto ni automatismo alguno.
Siempre cuento que, una vez, cargado, como estaba, de trabajo, pasé un presupuesto a un potencial cliente (por cortesía, con un precio, en realidad, disuasorio: no disponía de fechas para trabajar para él). Multipliqué por tres el precio promedio que manejaba en aquél momento. Me aprobó el proyecto esa misma tarde!!!.
Tardé mucho menos en convencer que cuándo manejaba precios más bajos. Resulté más creíble.
Sin embargo, lo he intentado otras veces, sin éxito!!.
En el año 1994, Emilio de Velasco, del Instituto de Empresa (a quién me presentó mi gran amigo Ricardo Altimira, ya ha llovido), hizo un magnífico libro llamado El precio, variable estratégica de marketing.
En él analizaba la estrategia de precios altos, centrándose, básicamente, en dos estrategias, el esnobismo y el efecto Veblen.
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